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Grecia.Escritos del compañero Tasos Theofilou

Tasos Theofilou, un compañero de tendencia anarco-comunista, se encuentra encarcelado desde Agosto pasado, acusado del atraco al banco en isla de Paros, del homicidio de un taxista que intentaba impedir la huida de los atracadores y de la pertenencia a la Conspiración de Células del Fuego. El compañero niega todas estas acusaciones. A continuacion sus dos primeros escritos.Con ayuda de gente solidaria se hizo un blog astop.espivblogs.net en el que van a ser publicados los textos de Tasos, siendo sus experiencias del encierro. De vez en cuando intentemos traducirlo.

 Aca alguna info tras la detencion de Tasos

y del clandestino Giannis Mihailidis solidaridad con el detenido

Diario de la operación “Angela Davis”

18/08/2012

Salgo de la estación “Keramikos”. Estoy buscando un locutorio en un cibercafe, el cual finalmente está cerrado. La desintoxicación de mi avatar seguirá esperando. Me dirijo hacia Thissio. De repente dos motos paran delante de mí. Todo un rebaño humano se me echa encima para inmovilizarme. Ni me he dado cuenta qué está pasando. Estoy gritando. Me ponen las esposas y sobre la cabeza una capucha negra. No me dicen quienes son. Me meten en un coche particular de marca toyota yaris o algo así. Tampoco importa. Me dicen: “¡Nos jodiste el verano, hijo de puta! ¿Es que tenemos que ocuparnos de ti?” “Sí, desde luego” me estoy pensando. Pues, estos son los dichos listos de la Unidad Antiterrorista. “Vale, le hemos pillado” avisa uno por su móvil. “¿Seguramente es él?” está preguntando aquel que me retiene en el asiento trasero. “¿Cómo te llamas?” me preguntan. Les digo y ellos resoplan con alivio. Las historias que tienen un comienzo parecido las he oído una decena de veces por lo menos. Pero no podía imaginarme cual sea la continuación. Ni siquiera en mis relatos. Me encuentro en un garaje subterráneo. En la entrada. Todavía tengo la cara tapada y las manos atadas por detrás. Esperamos el ascensor. “Al 13” ordena alguien apenas entramos. Estoy pensando sobre mi destino ahí dentro y sobre vuestra semiótica. Lo único que puedo ver a través de la capucha son los zapatos de una interminable fila de policías de civil y el suelo. Me llevan a un despacho. Lo reconozco. Es esa tan familiar habitación en que una vez en cuando varios compañeros anarquistas están posando para los rodajes de ese ya famoso servicio, de la Antiterrorista. Estoy sentado en una silla con manos atados por la espalda. “¿Has hecho algo ilegal?” me pregunta uno. “Tú me detuviste, ¿esperas que yo te lo diga?” me estoy pensando. No respondo. No había entendido que están “cocinando”. Viene uno por detrás y haciendo una llave me inmoviliza la cabeza. Me abre la boca y mete dentro un bastoncillo. Protesto. No es que tenga mucho sentido… Conozco muy bien que la Antiterrorista está por encima de las leyes. Conozco que ese prestigio y su incontrolable poder lo saca no tanto de los principios de justicia legal sino de las reglas de la barbaridad periodística. A cabo de un rato y después de que me tomaran las huellas dactilares, y eso sin haber respondido a mi insistente pregunta si estoy arrestado, en el despacho entra una otra pareja de maderos. “¿Tú lo mataste?” me preguntan. Me estoy pensando: a ese truco lo hallaron en la peli “CSI”. Te amenazan que te acusarán de homicidio para, utilizando el pánico que te entra, obligarte de admitir cualquier otra cosa. No respondo. Ni “sí” ni “no”. Aparte de no saber qué es lo que están “cocinando” lo peor es que tampoco sé cómo lo van a “cocinar”. Me sacan la capucha y luego me sacan fotos. Me tapan otra vez la cara y me obligan a estar de pie con las manos atadas por detrás mirando a la pared. Detrás mio algunos holgazanes están haciendo ruidos tontos. Intentan imitar el viento o un aeroplano. Me susurran: “Tu, calvo, ¡te vamos a joder!” Las horas pasan. Dentro de mi estoy contando los segundos para no perder la noción del tiempo. Un, dos, tres hasta el sesenta y luego otra vez desde el principio. Apenas llego a diez minutos me confundo pero por lo menos así puedo calcular, más o menos, cuánto dura una hora. Cuando me parece que sí pasó una hora, empiezo de nuevo. Una, dos, tres… Tengo ansiedad. No por lo que me van a hacer, sino por lo que están “cocinando”. Lo sé, ésta vez yo soy el plato principal pero no sé cual es la recepta. Alguien se me acerca por detrás. Me dice “lo que tienes que decir, dilo ahora porque dentro de dos horas vamos a cambiar el cántico. Dentro de dos horas vamos a identificar tu ADN y te joderemos”. “¿Cuál ADN y porqué tanta certeza tienen?” me estoy preguntando. No respondo. “¿Qué pasó en la isla? ¿Ha ido mal el trabajo? Así como van las cosas, dentro de poco nosotros también vamos a atracar bancos, pero ¡matar es otra cosa!” En primer lugar, me estoy pensando, no he matado a nadie y tampoco ha atracado algún banco, a pesar de que sí estoy fantaseando sobre este segundo caso cada vez cuando uno de esos entra en mi campo visual. Además vosotros roban, como tienen la costumbre, a algún currela que trabaja en local de apuestas y por tanto mejor dejen los bancos como son. No muerdan la mano que os da a comer… Las horas pasan. Sigo de pie, atado y con la vista a la pared tan borrosa detrás de la capucha. “¡Salió el ADN!” oigo alguien que está celebrando. Esta explosión de alegría va acompañada por puñetazos, bofetadas y patadas. Me caigo al suelo. Están dando saltos sobre mi espalda. Me recuerdo las palabras de Chronis Missiou (1): “Sea lo que sea esto que van a hacer conmigo, luego tendrán que montarme de nuevo”. Pienso que los tiempos han cambiado. Sea lo que sea que hagan conmigo, para las cámaras tienen que presentarme como sacrificador y no como víctima. De hecho, después de unos pocos minutos paran. Me ponen de pie y dicen: “¡Te vas a quedar aquí tres días! ¡Te sacaremos la alma!” Me dicen: “Te estamos siguiendo desde 2009 ¿qué estabas haciendo con Karagiannidis en Agrinio? ¿Te pensaste que no os hemos visto?” Me estoy pensando: nunca he estado en Agrinio y a Karagiannidis lo vi sólo en las fotos que vosotros mismos habéis publicado. El delirio continua. Entre insultos y amenazas escucho la palabra “Secta” y el nombre “Nektarios Savvas” (2). También la frase “Estamos en bandos enemigos”. “Vale, todo bien” pienso “¿qué hago yo en esa historia?” Me dicen: “Los otros dos te echan la culpa a ti, ¡di algo para mejorar tu situación!” Me estoy preguntando “acaso ¿quién podría ser esos “otros dos”?” Ahora la interrogación se enfoca en mis relatos. Intentan sacar cualquier conclusión. El interrogatorio sigue algunas horas más, mientras que las parejas de interrogadores continuamente van cambiando. Me preguntan cualquier cosa que les sale de los huevos. “¿Sentiste el miedo, aunque sea una vez en tu vida?” y movidas como esa. En algún momento se van. Me dejan en el despacho, con las manos esposadas por detrás a la silla. No sé cuantas horas. Por cierto muchísimas. Por cierto interminables. Estoy mirando la pared. Tengo los manos como paralizadas por las esposas. La piel alrededor de las muñecas empieza a sangrar, se ha hinchado tanto que parece cubrir a las esposas.

19/08/2012

Según mis cálculos son más o menos las diez de la mañana. Las primeras 24 horas ya habían pasado. Me desatan y miran mis muñecas. Hablan entre sí sobre el hecho si necesito ver al médico o no. Deciden que no. Me ponen un chaleco antibalas blanco. Ese chaleco blanco de la burla. La presunción de inocencia existió en los tiempos en que las sociedades estaban influenciadas por la Iluminación. Lo mismo con el respeto hacia la persona que es acusada. En el moderno oscurantismo post-industrial, al acusado no se le castiga, como lo fue en los tiempos medievales, con la picota sino con algo más. Al acusado se le pone en ridículo para demostrar su culpa. El acusado es “la escoria”, en el sentido griego antiguo de este término. Me desfilan como trofeo entre decenas de cámaras. Me estoy pensando: “les pusieron ahí para contradecir a Umberto Eco. Finalmente en Agosto sí que tiene noticias. Finalmente, para establecer las dictaduras modernas basta con tener control sobre los medios de información de masas. Puede que los tanques sean algo pasado de moda pero los jeeps “Cherokee” de EKAM son ya imprescindibles. Regreso a la comisaría central de Atenas. Me tiran en una jaula literalmente uno por tres metros, naturalmente sin ninguna ninguna, sin ningun contacto con fuera y con la luz siempre encendida. Ahí estaré acogido durante los cinco días siguientes. Una puerta de chapa lo cierra. Me dejan descansar unas pocas horas y luego me llevan de nuevo, esposado, al despecho de los interrogatorios. Declaran: “Mira, no se trata de algo personal, si fuera por nosotros te hubiéramos desatado. Simplemente pertenecemos a dos bandos enemigos”. Me preguntan si tengo algo para decir. Digo que no. Dicen: “Fuera de aquí y hasta que llegue a la cárcel no le den ni agua”. Otra vez en mi jaula. Me dicen: “¡Los demás “Células” tenían mucho más nervio!” “¿Cuáles “los demás”?” me estoy preguntando. ¿Me van a acusar de pertenencia a la CCF? ¿Es que se trata de una organización revolucionaria o de una “llave maestra” legal? ¡Yo en las Células! Mi crítica contra esta organización es tan intensa como la fuerza de los explosivos que ésta os había metiendo y rivalizaba con sus textos. Pero, cabrones, ya que así lo queréis, así será. En aquella lucha sí que estaremos juntos. Yo estoy buscando aquello que me une con quienes son enemigos del mundo viejo y aquello que me separa de todo lo que impide que el nuevo mundo amanezca. Las próximas 15 o 20 horas las paso en mi jaula. Cada tres minutos están golpeando con fuerza y de manera prolongada a esa puerta de chapa. El ruido seco que se monta es espeluznante. Cada tres minutos durante horas interminables. Estoy tan cansado que a veces hasta logro dormirme. Mis relatos les tomaron como si fueran hechos reales. De sus comentarios y sus reacciones sospecho que mis cuentos no les gustan para nada. Están enfurecidos conmigo. Me estoy pensando: “¡Que afortunado Kokkinopoulos, que afortunados Frank Miller, Manchette, Tarantino y Rodriguez!” Ellos nunca estubieron en el punto de la mira de la Unidad Antiterrorista. Desafortunadamente para mi, como escritor me inspiro por el crimen y no por la vanidad de las relaciones pequeño-burguesas. En algún momento me ponen música. La celda 33. Se ríen. Viene un superior. “¡Pongan Angelakas y Thanasis para Tasos! ¡Estas cosas le gustan!” Y luego continua: “¡Y has estado con Makis (evidentemente se refiere al Gerasimos Tsakalos) en la playa “El Agujero del Cangrejo”, al Papadimoulis (3) lo tienes como amigo en tu facebook y además has votado Siriza!” El tipo sale. En algún momento escucho que están hablando con admiración sobre Paleokostas. ¡Le llaman “el Rambo”! Uno comenta que había sido encontrada una de sus huellas que le vincula a él con la ejecución de Vasilakis (4). “¿Y tu lo crees?” se burla de él otro madero.

21/08/2012

El juez de instrucción me está esperando en su despacho. Me recibe con un aire de superioridad y pavoneándose me muestra unas actas de acusación, ¡el bulto de las páginas supera 50 centímetros! Tienen que ver con mi supuesta pertenencia a la O.R. CCF. Me pregunta por diferentes, tanto reales como no, encuentros que tuve con los que están acusados de pertenecer a esta misma organización. Lo gracioso es ellos también están negando su pertenencia a esta organización. Tengo ganas de decirle: “¿Es que estamos hablando sobre terrorismo o quizá se trata de algún virus que te lo puedes pegar con un apretón de manos?” No lo digo. Tengo ganas decirle: “No he visto que alguien fuese acusado de pertenecer al círculo para-judicial por haber comido souvlaki con un amigo de infancia del Bourboulias”. No lo digo. Tengo ganas decirle que el macarthismo tal vez quedó en la historia como tragedia, pero en Grecia se repite en forma de farsa. No lo digo. Sin embargo me siento atrapado. Le digo esto. Y noto que al fin y al cabo, comparando con lo que pasa ahora, el macarthismo parece un cuento para niños. Le digo esto. Él está aliviado. La encarcelación ya es un hecho dado. Regreso a mi jaula. Me estoy pensando: No me importa ir a la cárcel. De todos modos ahí está mi lugar, al lado de los malditos de esta tierra. Lo único que me molesta son estas injustas acusaciones sin fundamento alguno. Sin embargo, no me siento siquiera enfurecido. Enfurecido se siente uno cuando le quitan su puesto en la cola en el supermercado y no cuando un servicio de la policía decide atraparle en 2009 pero finalmente lo logra hacer en 2012. Echo un vistazo a la derecha donde alguien que había estado en esta jaula antes que yo habia escrito con en la pared “La Lucha Sigue”. Sonrío. Pienso: la Revolución está en juego, la Lucha avanza, los malditos de la tierra por fin tienen que entrar en juego.

Postdata. En mi piso en Lamia fueron encontradas “unas pruebas irrefutables” las cuales, según la opinión de las autoridades periodísticas y policiales, justifican la persecución penal contra mi persona. Según los periodistas se ha encontrado un patrón digital para hacer imitaciones de carnés de identidad, algunos videos con un imbécil que juega a los comandos y además un chaleco antibalas, el cual uno puede comprar legalmente. Se encontraron también decenas de libros y películas. Ropas lavadas y sucias. Sábanas, mantas, productos de limpieza del baño, notas para mis relatos y relatos enteros. Junto con el resto de hallazgos, es decir la cama, el sofá, otras muebles, la tele, la estufa y las provisiones de comida, ¿acaso la Antiterrorista lo puede llamar “piso franco”?

A. K. Theofilou
Ala B2 de la cárcel de Domokos
27/08/2012 (la demora de publicarlo se debe a razones técnicas)
———
Un par de palabras respecto al caso de Anastasios Theofilou

Dos apuntes…

1

En la presente fase del “progreso” del capitalismo, el trabajo no es un derecho ni un chantaje. Es un privilegio. La única salida de supervivencia para los que están excluidos de la riqueza material y espiritual de la sociedad del Capital, es “el crimen”. Y el crimen tiene muchas dimensiones, muchas interpretaciones y muchas versiones. A pesar de las interpretaciones mediáticas no debemos aceptar la ley como el límite entre lo moral y lo inmoral. Entre el bien y el mal. Entre lo justo y lo injusto. Naturalmente tampoco vamos, con una ingenuidad simplicista, a cambiarle el valor utilizándolo como el límite entre lo revolucionario y lo no revolucionario.

Debemos afrontar el crimen con sangre fría, más allá de los moralismos y romanticismos, como una actividad social más, las características de la cual determinan a su importancia. En otras palabras, el principio de nuestra crítica debe que ser el hecho si una actividad, no importa si sea ilegal o dentro de la ley, sirve a los intereses personales de los individuos que pertenecen a nuestra clase o si sirve al plan de la emancipación de nuestra clase de los que tienen y administran el Capital. Es decir, de la clase que se queda contenta con robarnos a la única mercancía que tenemos, pues nuestra fuerza laboral, y aún peor: ya nos estás privando de la posibilidad misma de vender a esta fuerza.

2

Estoy acusado por un atraco que terminó en tragedia. No quise referirme a aquellos hechos porque lo único que sé de ellos viene del distorsionador lente mediático. Pero finalmente me parece que sea resulto decir un par de palabras respecto a ello.

El hecho que un ciudadano intenta defender el dinero de una institución, la insaciabilidad de la cual había llevado 2/3 de la humanidad a la miseria, ciertamente resulta ser algo absurdo. Esto no significa que la respuesta sea quitarle la vida. No sé que pasó y por lo tanto no conozco si se trató de una ejecución a sangre fría o de una dolorosa consecuencia de un combate que terminó con disparos. Quisiera creer, según también las declaraciones de testigos presenciales, en este último.

En cada caso una persona murió. Un hombre el cual si tuviera la impavidez de pensar, aunque sea por un minuto, qué es lo que pretende hacer, eventualmente hubiese cambiado la opinión y en vez de ser perseguidor de los atracadores se volvería su partidario. Sin embargo, ya está muerto y no puede defenderse a sí mismo. Ni frente a algunos compañeros que le atribuyeron unas descripciones poco acertadas ya que se trata de un fallecido y sobre todo ni frente a esos saqueadores de tumbas de la Unidad Antiterrorista y de los medios de información, los cuales con el objetivo de ciertas finalidades políticas montaron todo una fiesta sobre su ataúd.

Soy anarquista comunista. Amo la vida tanto como la libertad. Luchemos para derrumbar las prisiones que sepultan miles de vivos. Luchemos por la visión de liberación social. Luchemos por la liberación de nuestra clase del Poder del Capital.

27/09/2012

A.K.Theofilou
Ala B2, cárcel de Domokos.

 

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