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Grecia. Palabras del prisionero anárquico Nikos Romanos sobre su reciente condena por “Terrorismo individual”

Ayer, el ciclo de nuestros casos criminales terminó con el Estado condenándonos a docenas de años de prisión como “terroristas individuales” con elementos y acusaciones que serían un caso rutinario en un tribunal formal de ley penal ordinaria.

La decisión del tribunal de ayer es un punto decisivo para los juicios políticos y las nuevas correlaciones que se configuran sobre el mapa de la represión criminal contra el movimiento anarquista.

Reclamaron el arma legal del Estado, el instrumento del “terrorismo individual” que no es nada menos que la criminalización de la identidad política anarquista, como prueba suficiente para la condena de luchadores bajo la ley antiterrorista (artículo 187-A). Así, incluso si un compañerx ha sido irrevocablemente absuelto por su participación en una organización, como nosotros, su identidad política podría ser el vehículo para la acusación con el 187-A, como se ha dicho muchas veces de la boca del fiscal Apostolaki – “son anarquistas, así que sus actos son terroristas”, “no han cambiado sus visiones así que sus acciones pueden ser caracterizadas de forma diferente”. Al mismo tiempo, se crea un nuevo campo mejorado para expandir el 187-A por el cual una acción anarquista que va más allá de los límites de la legitimidad cívica se describiría como “terrorismo individual”, aumentando la longitud de sentencias y del tiempo restante en prisión.

Es característico mi propio ejemplo, ya que mientras que por la expropiación de Velvendo, en Kozani, fui sentenciado a 11 años de prisión sin las disposiciones del 187-A, por algunos cartuchos y tres incendios fui condenado a 18 años de prisión. Es obvio incluso para un estudiante de derecho de primer año que estos actos tienen mucho menos peso criminal que la expropiación armada de un banco. Entonces, por la razón que ingresé a prisión, habría estado en libertad durante algún tiempo, mientras que estuve detenido decenas de años sobre la base de la innovación represiva del terrorismo individual que por primera vez se aplica contra lxs presxs anarquistas.

Por supuesto, este hecho no es un hallazgo neutral, ni una presentación de realidad victimista, es la mejor prueba de que lxs anarquistas son una amenaza real para el sistema incluso durante períodos de reversión para el movimiento anarquista. Porque, de hecho, las convicciones de ayer no eran nada menos que la condena de la identidad anarquista. La condena de la defensa política de nuestras acciones y de nuestras elecciones en las cortes burguesas, la condena del hecho de que no nos inclinemos para besar la cruz del arrepentimiento, ni nos arrodillemos delante de nuestros opresores como es el caso todos los días en los tribunales de la corte de apelaciones y juzgado de Evelpidon, sino que permanecemos con nuestras cabezas altas contra elles.

De hecho, lo que las sentencias de ayer quisieron imponernos fue un mensaje resonante del terrorismo de Estado hacia aquellxs que dan batallas subversivas en las líneas del movimiento anarquista. Un intento de dejar el veneno del miedo en medio de las aventuras radicales, para invocar la duda sobre la efectividad de la lucha, para prevenir a nuevxs compañerxs de encender y extender las llamas de la solidaridad dentro de las metrópolis, para separar los medios de la lucha anarquista en permisibles y no permisibles sobre las bases de la represión criminal y la extensión del 187-A, el cual no es nada más que un cuchillo afilado en manos de la policía y del complejo judicial, para convertirnos en trofeos cautivos del zoológico de las colonias correccionales que estarán ahí para recordarte lo que podrías sufrir por cualquier intento de atacar al sistema. Además, no es casualidad que, hasta que se llegó a la condena, hubo un completo silencio sobre el asunto por parte de los medios, tan pronto como se emitió, la decisión se convirtió en un asunto para las noticias como un recordatorio permanente de que el Estado se está vengando de sus oponentes políticos.

Y es sin duda una realidad que el Estado y sus mecanismos de encarcelamiento reservan la actitud más vengativa a aquellxs que le han disputado su omnipotencia. Es también un hecho que hablando el lenguaje de la verdad, nuestro corazón duele. Duele por los años de nuestra única vida juvenil arrojados a los vertederos de las prisiones, duele por nuestros seres queridos que están experimentando una despiadada guerra psicológica y convirtiéndose en el daño colateral de una guerra que no eligieron, duele por nuestrxs amiguxs y compañerxs que crecen juntxs en las prisiones, duele por nuestra gente que se marcha de las salas del tribunal con pasos tristes, duele por aquellxs que lloran porque sienten la rabia asfixiándoles. Pero también es una realidad que este dolor nunca podría ser comparado al dolor de una vida asfixiada en la apatía, la indiferencia y el autointerés. Aquellxs para quienes rechazar los crímenes del Estado y el capital nunca ha sido una opción realista.

El dolor que el Estado y el capitalismo distribuyen en las prisiones, en los hospitales psiquiátricos, en los campos de concentración y en los campos de refugiades, en las fronteras marítimas y terrestres, en los talleres del occidente civilizado y en los talleres de exterminio establecidos por los monopolios multinacionales en los países del Tercer Mundo para expandir su base productiva presionando los cadáveres de niñxs, no puede ser superado alejando nuestra mirada, cerrando nuestros ojos, con una protesta inofensiva dentro del marco definido por el sistema para nosotrxs.

El dolor que siente una persona dedicada a la lucha por la causa de la libertad es un dolor que alimenta el corazón de la desobediencia y la insurrección contra el Estado y sus sirvientes. Ellxs son quienes producen teorías radicales, quienes se convierten en cómplices en la formación histórica de eventos subversivos, es la tensión en el estómago cuando se encuentran con un libro en la mano estudiando las historias de experiencias históricas pasadas de compañerxs que por su acción contribuyeron a nuestra causa común añadiendo su piedra al desarrollo de la historia revolucionaria.

En el lado contrario, el dolor de una vida ahogada en compromiso y apatía es un dolor que es existencial, es el dolor de una nueva vida que ha aprendido a obedecer órdenes, a ser disciplinada frente a los poderosos, a ser indiferente a la opresión y la explotación de aquellos que están a su lado siempre que a ellos no les toque, es el dolor de lo dañado psicológicamente, la homogenización tras los estándares sociales producidos, la individualización difusa, es el dolor del vacío existencial que en la era de la prosperidad capitalista fue cubierto con alquileres de coches, un nuevo conjunto de muebles para el hogar, entretenimientos baratos, y que ahora permanece atrapado en las filas de la OAED [servicio de desempleo griego], en los comedores de beneficiencia de la iglesia, en la elección de la tolerancia a esta condición, y no en organizar resistencias para derrocarla.

Por lo tanto, por muchas veces que pudiésemos volver atrás en el tiempo, nuestros corazones volverían a escoger caminar a través de la belleza especial y salvaje de la lucha anarquista, en los caminos del conflicto con el poder en todas sus formas, en todos aquellos momentos donde la clase asesina de un mundo civilizado es interrumpida por lxs esclavxs insurgentes, por aquellxs que rechazan ser esclavxs, por luchadores que llevan las llamas de la libertad en su interior.

Aquellxs que son anarquistas están orgullosxs, y todas esas personas patéticas y despreciables como Ganiatsos, Apostolakis, Mouzakis, y quienes como ellos están ansiosos por extinguirnos, pueden inventarse nuevas terminologías legales, construir acusaciones, romper el propio código penal en su furia contra aquellxs frente a ellos.

El movimiento anarquista derramó su sangre y demostró en su larga historia que buscará con perseverancia y persistencia las maneras de responder a aquellxs que organizan consecuentemente su exterminio. La responsabilidad por el golpe judicial pertenece a muchxs con cada individuo con su propia parte asignada. Desde las responsabilidades políticas del gobierno de SYRIZA, que se relacionan con las leyes antiterroristas y su sensibilidad selectiva a los casos en los que puede tener un interés político, en las bocas bloqueadas de todxs del “del movimiento” o “de los derechos” que buscan los problemas que plantearán para cambiar la agenda política actual, hasta los nombres de lxs involucradxs en el golpe de Estado particular hasta la unidad antiterrorista y les investigadores que dividieron los cargos y elaboraron acusaciones para el propósito de nuestro exterminio legal.

Un nexo de poder que independiente de sus conflictos internos encuentra un campo común de acción en tratar con el enemigo “interno” y combatirlo con todos los medios disponibles.

Si algo es cierto es que este golpe judicial en particular no se perderá en el olvido, sino que será un trampolín para la lucha contra las políticas antiterroristas, los actuales juicios terroristas y el régimen de excepción contra lxs prisionerxs políticxs. Los nombres de Ganiatsos, Mouzakis, Apostolakis, y todxs les demás será grabado en la memoria de todxs aquellxs que luchan fielmente por la anarquía y la libertad y los pies del movimiento se asegurarán de que patean los taburetes sobre los cuales ellos están sentados, tirándoles desde el pedestal de arrogancia y venganza a un nuevo descrédito y estigmatización. Allí les verá caer el falso ídolo del dios pintado de sangre que esta gente adora.

En conclusión, podemos decir con seguridad que las condenas del Estado y sus sirvientes designados no nos dan miedo, ni a nosotros ni a lxs compañerxs que están luchando por nuestra causa común. La anarquía en nuestros corazones seguirá ardiendo hasta que queme los últimos restos de este mundo envejecido que genera toda esa fealdad tecnócrata que cubre cada centímetro de este planeta. Hasta ese hermoso día cuando lxs compañerxs libres y cautives tendrán la sonrisa de satisfacción por el acto justo de nuestra lucha impreso en cada gesto, la lucha continúa y continuará contra los arquitectos de todos los pequeños y grandes golpes contra nuestras vidas.

Fuerza y solidaridad para todxs aquellxs compañerxs que permanecen junto a nosotrxs, cada unx a su propia manera.

La anarquía vencerá…

¡Todo continúa!

Prisión de Korydallos – 27/3/2018

Nikos Romanós

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